Dos días antes de este vídeo estuvimos en la feria de #Biocultura en Sevilla.

Asistimos a varias charlas acerca de las semillas.

Pues sí. A mí también me sonó raro.

La primera charla fue acerca de las semillas y el amor.  Las semillas como fuente de vida. pura magia.

Lo gratificante que es regalar semillas a los nuestros familiares y amigos e introducirlos en el mundo del cuidado y del mimo a seres tan delicados como las plantas.

La segunda conferencia fue acerca de la importancia de la cultura de las semillas.

La pérdida de variedades autóctonas por culpa del abandono del campo y de la producción “industrial” de los cultivos.

Me sentí muy identificado con las dos charlas así es que nada más salir me compré semillas de tomates cordobeses, de cabra.

Y qué mejor que plantarlos aunque sea de noche.

¿Pero, y los gatos? ¿les dará por escarbar? Aquí no suele helar, pero ¿y si una de estas noches pasa?

Un invernadero, lo veo. Además así lo protejo del viento, los bichos y la lluvia sin quitarles el sol.

Y así queda mi invernadero en nuestra azotea. Justo cuando se está acabando el frío.

Pero son las diez de la noche.

Bah, pues lo hago dentro de casa.

Así no se oye el ruido fuera.

No creo que a Eva le importe que grabe en el salón completamente desordenado delante de toda su audiencia. ¿verdad?

Así es que me pongo a cortar y atornillar y ya tenemos invernadero.

Y a media noche, cual sortilegio místico nos ponemos a seleccionar, etiquetar y plantar semillas.

A mí me parece una forma maravillosa de pasar una velada romántica.

La selección de las semillas ya está hecha y las etiquetas también.

Aparte de la satisfacción personal, que algo de eso lleva, el cultivar alimentos es una enseñanza para los peques.

Se les enseña a tener paciencia. A ser cuidadosos, responsables y sobre todo a amar las cosas.

El año pasado cultivamos pimientos y tomatitos cherries y era una pasada dárselos a mi hija directamente de la mata para que los comiera.

Parece que algo de frío les quita a los semilleros.

Parece que algo de frío les quita a los semilleros. (Indoor y outdoor están al revés)

Yo no tengo ni idea de campo, ni de semillas, ni de riegos.

Pero me parece que es un acto de magia cultivar y poder disfrutar de tus propias frutas y verduras.

Después de la charla de las semillas y el amor, la verdad, es sospechosamente curioso el significado de algunas palabras.

La palabra fruta procede del latín “fructus” nombre de resultado a partir del participio del verbo “frui”(gozar de, disfrutar de, hacer uso de, consumir). El fructus es pues lo gozado. Esta raíz latina se relaciona a su vez con la indoeuropea bhrug, que se asocia doblemente a la idea de disfrutar y a los productos agrícolas.

En el colegio de mi hija han hecho su propio huerto, con espantapájaros y todo. Me encanta. Así es que me uno al reto y espero que este verano estemos comiendo los frutos de nuestra propia huerta.

Mi hija ayudando a cuidar y regar los semilleros

Mi hija ayudando a cuidar y regar los semilleros

 Si estuvieran planeando el futuro por 1 año, planten una semilla; para 10 años, planten un árbol, más si planearán para 100 años, eduquen a los niños.

 Confucio (551 a.C.- 479 a.C.)