Entrenar y competir llenaba mi día a día

Esta foto en la piscina es de mi yo antes de Eva.

Yo pensaba que mi vida estaba llena, pero en realidad simplemente estaba rellena.

Planificaba los días para poder ir a montar en bici por las mañanas y a nadar por las noches. Y el resto, buscar con quién beber cerveza y con quién acostarme.

Apenas tenía clientes, ni los buscaba ni me importaba. Ni relaciones de verdad, las saboteaba antes de que empezara a ponerse serio. Mi objetivo era otro. Entrenar y competir para obtener endorfinas que me alegraran el cerebro porque mi vida estaba hecha polvo y ya sólo me quedaba pasar por aquí sin implicarme en nada.

Había perdido en el amor, en el trabajo y en la vida y entonces no hacer nada estaba bien.

Al menos dos horas de bici y una de natación diarias, otras pocas entre mirar facebook y perder el tiempo con proyectos que ni cobraba porque no le daba ningún valor a mi trabajo.

Y en el pozo se está muy agusto, autocompasión, excusa para todo y yo es que no quiero una relación seria, que si mi hija, que si mis problemas, blah.

Tenía que ser un coñazo de compañía.

Hasta que de casualidad instalé Tinder.

Unas horas después estaba hablando con una chica que de entrada sólo me parecía guapísima, borde y tremendamente inteligente y sexy. Además estaba recién separada y no quería nada serio.

Fantástico.

Vivía a unos treinta kilómetros de mi casa y en mi mente iba a venirme genial para hacer medio entreno, buena compañía y terminar de entrenar de vuelta a casa.

Y la cosa se complicó. Mucho. Y me rompí. Mucho.

Me enamoré. De su forma de entender que la vida es para exprimirla y no dejar nada sin hacer. Yo que quería vivir a medias para que no me pasara nada malo. Y lo que me pasaba es que mi vida no era un vida de verdad.

Y cambié. Y me dejé de excusas y empecé a vivir. A arriesgarlo todo en cada te quiero.

Aprendí que no jugar no es la solución para no perder, es el camino directo a no vivir. Que no pasa nada por decir te quiero. Que no puedes no hacer nada por miedo a que pasen cosas. Que no hacer nada es el problema.

Que cuidar es el mayor acto de amor verdadero que hay en la vida </frozen> y estoy feliz y orgulloso de querernos y cuidarnos como lo hacemos.

A embarcarme en todos los proyectos de vida y de trabajo que construimos juntos. Que son muchos. Y sobre todo por los que merece la pena luchar. Construir nuestra propia vida. Querernos mucho. Y sobre todo confiar el uno en el otro. Esto último es lo que más ha costado. Y no ha sido fácil.

Nada fácil, como todo lo que de verdad merece la pena.

Gracias Eva.

Gracias por estos seis años juntos.

No nos dará tiempo a que sean sesenta pero haremos que lo parezcan por todas las cosas maravillosas que nos quedan por hacer.

Te quiero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 × 5 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.