Por si la foto no es lo suficientemente descriptiva hoy sólo había dos calles para baño libre. Y cuando tienes que hacer entrenos con cronómetro, puede ser una auténtica pesadilla.
 
A mí me encanta nadar. Tuve un accidente viajando en el coche de un gran amigo, hace como veinte años. Fue un porrazo bastante serio, dando muchas vueltas de campana por un terraplén. Eso te deja los nervios de aquella manera. Mi mejor amigo en la UCI con un parte médico más largo que la lista de los reyes godos. Otro con la cabeza rajada. El otro con algún hueso roto. El amigo que llevaba el coche hecho polvo con el sentimiento de culpa. Total. Que estaba hecho mierda aunque físicamente a mí no me hubiera pasado nada, y eso que en aquella época no había cinturones traseros.
 
Recuerdo que el lunes siguiente al accidente, ni 30 horas después del porrazo me fuí temprano a la piscina y me puse a nadar, sin parar, nadando muy fuerte. Estuve mínimo hora y media. Salí mentalmente nuevo. Nunca habí nadado con tanta fuerza ni con tal nivel de concentración. Todos los sentimientos, miedos, nervios iban pasando por la cabeza en cada viraje. Fue tremendamente terapeútico, y ahí descubrí que nadar me “cura”.
 
Todos por aquí sabéis lo regular, por decir algo amable, que es la relación con mi exmujer. Hoy Paulina actuaba aquí en Mairena. Iba con un disfraz de campanilla como todas sus compañeras de danza moderna. Era el día con la madre y le pedí que la trajera porque para los peques eso es muy importante. Y la trajo. Pero no iba sola. Iba con la pareja de la expareja de mi esposa y con una terapeuta por correspondencia entre otros. Cuesta lo de la pareja de la expareja de mi esposa. Es raro de decir pero más raro de ver y de que un adulto en su sano juicio sea capaz de jugar así de sucio. […] Y todo para hacer daño a mi mujer si hubiera aparecido por ahí. Menos mal que no lo hizo. En fin. Muy retorcido todo. Demasiado para mí. De verdad. No me gustan nada esos juegos y menos la finalidad. Hacer daño.
 

A lo que voy, que me pierdo.

 
Que se me quedó mal cuerpo. Y hoy tenía entreno. Pensaba que me ayudaría hacer metros en cloro, como en otras tantas ocasiones. Pero las sensaciones hoy eran distintas.
 
Samuel, querido entrenador mío, hoy te pongo el resultado del entreno “narrado” porque las sensaciones de hoy han sido malas en general y prefiero novelarlo un poco. Espero no robarte mucho tiempo.
 
Nada más llegar la cosa pintaba mal. Sólo dos calles de nado libre y las dos muy lentas y con 3-4 personas por calle. Hoy tocaría mucho cambio de ritmo para adelantar y eso me fastidia mucho.
 
El entreno comenzaba con un calentamiento que normalmente da pereza, pero poco más. De ahí no pasa. Pero hoy no tenía la cabeza en su sitio y mi cuerpo se quejaba del doble entreno de ayer. Tenía agujetas en el dorsal derecho y mis piernas estaban completamente duras y se hundían como piedras. Nada de deslizamiento y la cabeza muy negativa. Eso no ayuda. Céntrate.
 
Luego venían unas series cortas de estilos con descansos cortos. Eso me gusta mucho. Puedo ir más deprisa y asustar a la gente de mi calle para que se piensen cambiar a la otra, a la lenta. Soy convincente sobre todo a mariposa. Mi mujer me asegura que cuando nado mariposa la gente se acojona de las hostias que le pego al agua. Eso es señal de que la nado como el culo, pero en realidad me da igual. Es efectiva vaciando calles.
 
Mierda. ¿¿¿¿¿300 pies????? ¿Por qué me pone eso? Pensaba que éramos amigos. Mi moral hoy no estaba muy para allá. Venía un poco triste por el juego sucio de la que al fin y al cabo es la madre de mi hija mayor. Y hacer pies no ayuda a concentrarte en el entreno. Al revés. Había un gigantón en la calle que después de mis series de mariposa se había cuidado mucho de quedarse parado cuando me veía acercarme. Pero en cuanto empecé a arrastrarme dando pies me perdió todo el respeto y osó adelantarme. Maldita sea. Eso no lo puedo tolerar. Mi orgullo natatorio se activó y por fin encontré un objetivo en el entreno. Me puse a acosarle nadando pies espalda que iba un poco más rápido que él.
 
Bien. La terapia de piscina funciona. Empezaba a estar feliz.
 
Genial series de crol cada poco tiempo. Podré seguir asustando gente. Agggg. Mis piernas empiezan a estar tocadas. Pero adelanto gente y me comporto como un borde en la calle. Salgo cuando me lo dice el crono. Ni antes ni después. Venga o no venga gente. Y si salen antes que yo les adelanto con mi nado más “salpicador” posible para molestar. Soy idiota y me gusta. Me siento bien mentalmente, pero mi cuerpo está sufriendo el exceso de chulería piscineril.
 
¡¡Oh no!! ¡Más series de pies! Mi reputación de chulo de piscina se va a ir al carajo. Y mis piernas con ella. Me aburro y me desconcentro. Veo la vida pasar azulejo a azulejo del fondo de la piscina. Sopor. Horror. Aburrimiento. Samuel, de verdad. ¿Qué pasa con nuestra amistad?
 

Siguiente series cortas con palas.

Genial Ahí puedo ir rápido. cuando vas rápido tu cuerpo te transmite buenas sensaciones. Y adelantar al gigantón me sentaría bien. Pero no medí bien la velocidad del grandote y me desfondé un poco a mitad de series para adelantarlo por segunda vez. Pero da igual. Él jadeaba más que yo en la pared. Yo fingía que no necesitaba respirar. Era casi como marcar territorio. Había otro tío en la calle que me preguntaba insistentemente si iba a salir después de darle duro a las palas. Me queda muy tonto, lo sé. Pero el ego natatorio es así. Yo soy de los que ponen cara seria antes de meterse en el agua. De los que estiramos a pie de piscina y no hablamos con nadie. De hecho no hablamos con nadie en la hora que estamos en el agua porque si no no terminaría el entreno. Da igual todo. Me sentía bien. Qué más da que sea algo estúpido sentirse feliz por ir más rápido. Llevo sin nadar casi un año y hoy en la piscina me sentía feliz. Poco más importa. Genial. Sigamos.
 
¡Mierda! Series de buceo. Si hay algo que odie más que hacer pies es bucear. Tengo una caja torácica que equivale a una talla 200 de sostén. Pero no aguanto un carajo buceando. Apnea le llaman. Un mojón. Si me esfuerzo en hacerme la piscina entera tengo la sensación de que voy a morir. Sé perfectamente que si me esfuerzo y me concentro puedo hacer 50m buceando. Porque lo he hecho. Se puede hacer. Sólo tienes que ignorar la sensación de muerte inminente que te manda tu cuerpo, gastar poco oxígeno por brazada y sobre todo no levantar la cabeza para mirar cuánto te queda. Pero no. A mi cerebro le gusta mucho estar vivo y siempre miro para ver cuánto me queda en la segunda o tercera señal de axfisia. Y siempre elijo respirar.
 
Otro síntoma que me deja en el cuerpo, aparte de la sensación de haber sido derrotado intelectualmente por mi instinto de supervivencia, es la sensación de acalambramiento en las piernas. ¿Por qué se ponen los gemelos “a punto de caramelo” después de ocho series de buceo?
 
Ahora venía el test. Después de la paliza hay que hacer 400 metros con aletas y tomarse el tiempo. Aletas. Genial volvería a volver a adelantar al tipo grande. Bien. Se va a cagar. Pongo el crono a cero y le doy a start mientras me impulso de la pared. Un buen buceo. Llevas aletas. Aprovéchalas. Salgo rápido. Es casi orgásmica la sensación de ir rápido en el agua. Estira. Aprovecha cada brazada al máximo. Joder qué gustazo. 50 metros. Todo va de puta madre. Qué bonito es nadar deprisa. Qué feliz estoy. 75 metros. La patada en la pared para impulsarme me deja tocado el gemelo derecho. Bah. Yo controlo. En 10 metros se ha pasado. Vas muy bien. Vas a hacer un tiempazo. Aguanta que te quedan más de 300 metros. Ésta es la parte que te gusta.

Aguanta. ¡Aguanta!

 
1’21. Ahí paré el crono en los 100m. Tocando la pared con el gemelo derecho totalmente subido. Perra vida. con lo feliz que era. Bueno. Ya sabes cómo va esto. Agarra fuerte la punta de la aleta y estira la pierna. Nada. Como nuevo. Descansa un minuto. Respira despacio. Y salimos otra vez. El tipo grande se pone sus aletas. Jah. Aletas a mí. Las mías tienen 23 años. Están un poco cascadas pero son largas de cojones. Me encantan mis aletas. Vuelo sobre el agua con mis aletas. Me lo voy a cargar en menos de un minuto. Literalmente. A ver. Yo sé que suena un pelín psicópata, pero oye. Si no hay motivación no hay entreno bueno. Al grandote le tocó serla hoy. Luego en el vestuario hablé con él y no parecía mal tipo. Pero eso no importa ahora. Tengo que hacerme 400 m. ¿Cuantas veces puedes adelantar a alguien en 400 m? Lo sabremos hoy. Bueno. Lo pesqué antes de los 50 metros. Ya es mío ahora acelero y finjo que ese es el ritmo que llevo siempre. De hecho bajo el ritmo de patadas y remadas para parecer que lo hago con facilidad, pero lo que estoy haciendo es tirar con todo sin que se note. Lo consigo estoy en paralelo. Mierda. El gemelo derecho otra vez. Se me sube hasta la garganta. No puedes parar. El dolor es una sensación. Ignórala. Lo adelanto poco antes de la pared. . Doy el viraje porque si no iba a quedar muy tonto. Yo viro rápido de cojones. Ahí suelo recuperar en las competiciones. Y salgo fuerte de la pared apoyándome sólo en la pierna izquierda. Joder. Sólo puedo patear con esa pierna. Ah no. Ahora tampoco. Ya la empiezo a notar acalambrada también. Miro con disimulo para atrás. No me sigue nadie. Perfecto mi ego piscineril está intacto. Paro el crono otra vez en los 100 m en 1’25”.
 
Suficiente tontería por hoy. Estiro mis dos gemelos. Y nado 100 m suaves antes de meterme en la ducha.
 
¿Sensaciones? Si te llevas un año sin nadar luego no esperes milagros.
 
Nada más que añadir señoría.