La mirada nerviosa

Hoy he estado en un concierto en el colegio de mi hija.

Música clásica, con tres artistas que lo han hecho muy ameno para los niños. Se lo han pasado muy bien.

Casi todos.

Es importante que los padres colaboremos en la educación de nuestros hijos también en el colegio. Que nos impliquemos en la medida de lo posible en las AMPAS bibliotecas o incluso en el caso del cole de mi hija hasta en el huerto.

Para bien o para mal este año puedo flexibilizar mucho mi agenda y priorizar todo lo relacionado con mi hija. Añado para mal también, porque eso afecta obviamente a mis ingresos, pero eso es una elección personal y considero que estoy haciendo lo que realmente necesitamos mi hija y yo.

E igual que yo había un par de docenas de padres y abuelos disfrutando de la que estaban liando los peques de infantil en el auditorio.

Al principio los niños giraban la cabeza un poco de reojo. Luego se volvían enteros y se ponían de pie. Los niños buscaban a sus padres al final de la sala. Mi hija muy contenta, pero su compañera de al lado se pasó las dos pimeras piezas musicales con la cabeza girada mirando de lado a lado de la sala con un nerviosismo contagioso que daban ganas de ir a abrazarla a tranquilizarla. Acabó con los ojos muy brillantes dándose la vuelta y uniéndose a la fiesta. Aunque con una efusividad bastante más moderada.

No digo que le vaya a costar diez sesiones de terapia en el futuro a esa niña superar que sus padres no pudieran ir al colegio a verla. Es un viernes por la mañana. Deberíamos todos estar trabajando. Pero seguro que este arañazo en su corazoncito le va a dejar una pequeña cicatriz.