ETDLS #17: El deseo de los hombres por ser padres

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Voy a intentar explicar los dos diferentes momentos en mi vida en los que decido ser padre.

Si desde pequeño tenía algo claro en la vida es que yo NO quería ser padre.

¿Miedo a la responsabilidad? No. Ese no era el problema.

El problema era mi ansia de control. Necesitaba tener todas las posibilidades perfectamente estudiadas.

Y un hijo genera demasiadas variables.

Así es que nada. Hijos. Ni loco.

Luego te enamoras.

Piensas, coño, esto es diferente a todo. Con esta persona cualquier cosa.

Luego te deja caer que quiere ser madre. Que ya tiene treinta y tantos. Que no puede esperar.

Bah, venga. Esto es amor. Qué puede salir mal.

Dos juicios de custodia después me alegro de que me «convencieran» para ser padre. A pesar de lo desagradable que puede llegar a ser un divorcio con una hija pequeña de por medio.

Mi hija ha sido un cambio completo en mi vida.

Hoy leí este post de Alicia Murillo «Si no pasas durante, al menos, un periodo de tu vida por la experiencia de los cuidados (a personas dependientes x enfermedad, a ancianxs, a niñxs, a animales…) pasas por la vida sin enterarte absolutamente de nada.[…]«.

Y es tremendamente verídico.

Hasta el momento en el que la prioridad en tu vida es otra persona, simplemente pasas por la vida.

Yo al menos nunca he puesto más empeño en hacer las cosas mejor que cuando son para el bienestar de mi prole.

Paternidad después de un divorcio

Tengo un familiar que después de pasar por un divorcio y una guerra de custodia bastante horrible, decidió hacerse la vasectomía.

Me dio mucho que pensar lo claro que lo tenía.

Yo ya estaba empezando la relación con Eva, mi actual esposa.

No tardé mucho en darme cuenta que andar con pies de plomo con alguien tan maravilloso era poco más que una pérdida de tiempo.

Sabes que esto va en serio.

Que es perfecto.

Y crees que la gente va a pensar que estás loco.

Hasta que te das cuenta que es verdad, que te da igual lo que piense la gente.

Que eres tú quien tiene que vivir tu vida.

Que hace tiempo que no escuchas opiniones de personas que no han tenido la experiencia vital por la que tú has pasado.

Que eres tú el que ha decidido que tu hija tenga una hermana de sangre.

¿Quién convence a quién?

Tras 32 semanas de embarazo que llevamos,a día de hoy no sé quién empujó a quién para tener a Matilde. Mi mujer creo que piensa que es más cosa de ella. Pero yo cada día estoy más seguro que yo, esta vez, no me «dejé».

Esta vez soy yo el que está como loco por tener un bichejo pequeño agarrándose a mis pelos del pecho.

Que me manche la ropa con medallas de padre en cada comida.

Que me mire con modo derretir.

Que me haga ser y hablar como un payaso.

Que me active el modo zombie por las mañanas por falta de sueño.

Que me haga olvidarme del reloj.

Que me confirme que esto es lo que realmente merece la pena.

Y estoy convencido de que esta vez he sido algo más que un simple brazo ejecutor.

Más que nada porque era yo el que tenía la aplicación «period» en el móvil. Y estaba pendiente de que salieran las florecitas en la pantalla del teléfono como señal de «día fértil».

Y también estaba pendiente de los ciclos de la luna, esperando la llena, para lo mismo.

period-tracker-app-android

Mi deseo de volver a ser padre es ahora mismo tremendo. Aunque mi mujer diga que, como no la tengo dentro de la barriga, todavía es sólo un concepto para mí.

Esta vez quiero hacerlo bien. Quiero escuchar más a mi pareja. Aunque no la entienda.

Quiero formar un hogar cojonudo. Divertido. Tranquilo. Sencillo. Con las menos prisas posibles.

Quiero disfrutar.

Cuidar.

Amar.